La eficiencia de la comunicación. Lenguaje en contraposición con los animales.





Tengo mascotas hace unos treinta años aproximadamente. En todo este tiempo, y observando con paciencia, he podido comprobar la forma de comunicación que tienen entre ellos y la que desarrollaron para hacernos entender qué quieren o necesitan. 
Su lenguaje más rico está en el silencio, en los gestos y en las miradas.  



Nosotros, por otra parte, nos jactamos de ser los seres más evolucionados por, entre otras cosas, haber desarrollado el lenguaje y nombrar con él el mundo que nos rodea. Tenemos un cerebro que nos permite dar sentido a las cosas, incluso a las abstractas, y, sin embargo, no tenemos el nivel de eficiencia comunicacional del reino animal. 
¡Espera, no salgas corriendo aún! Déjame desarrollar este pensamiento. Voy a sentar la primera premisa del tema: puedo escribir mi reflexión de la forma que creo será la más adecuada, elocuente, profunda, para explicar el tema. Ahora, ¿eso garantiza que tú, lector, comprendas de forma cabal lo que intento decir? 
Bueno, esa es mi premisa número dos: la comunicación animal es efectiva en un cien por ciento y la nuestra no. 
No hay confusiones en los mensajes enviados por los animales. Está bien, puedo entender y compartir que las circunstancias así lo ameritan. Dar el aviso de peligro no puede ser malinterpretado, ya que de eso depende la vida misma. 
En el punto que quiero detenerme, y el que me gustaría trasladar a la experiencia humana, es en esa comunicación no verbal, energética si se quiere. 

Creo que todos, alguna vez, hemos experimentado lo siguiente: vemos una araña en un rincón, quedamos inmóviles, solo observando, tratando en nuestro miedo de pasar desapercibidos para poder huir o llamar a alguien para que nos salve, y la araña percibe nuestra atención. Si miramos hacia otro lado, la araña se mueve (suelen estar tan asustadas como nosotros) y si volvemos a mirar con atención se queda quieta. «Es como si supiera que la estamos mirando» decimos, y sí, lo sabe. Pero, ¿qué es lo que percibe la araña? 
Otro ejemplo típico: empezamos a juntar las cosas o a llenar de agua lo que usemos para bañar a nuestro perro, aunque sea la bañera o la pileta que usamos para otros fines varias veces al día, sin decir nada, y nuestro peludo amigo desaparece sin más. Interpreta la palabra «bañarse» y corre a esconderse. Ahora, si usamos el verbo para nosotros, la reacción es distinta, no existe. Entonces, una vez más, ¿qué hace reaccionar a Firulais? 

Siguiendo este hilo de pensamiento, ¿tenemos nosotros esta capacidad? ¿Podemos sentir la atención de los demás? Si así fuera, ¿podemos interpretar y decodificar ese «mensaje»? 

Estoy seguro de que pueden encontrar en su experiencia o en la de algún familiar o conocido, historias del tipo «sabía que este mensaje que sonó recién era de Fulano o Mengana». Claro que no sabemos exactamente el contenido del mensaje, pero sí su destinatario, segundos antes de recibir la notificación. Otro ejemplo es sentir que alguien nos mira fijo desde atrás nuestro. 
Lo que hay en común en todos estos casos es energía en forma de atención o, dicho de otra manera, la atención dirige nuestra energía igual que en el reino animal. 
Ahora, en nuestro caso, la efectividad es considerablemente menor. 
Es probable que ni siquiera notemos que esto ocurre. Las personas que conocemos que les pasa son percibidas como raras o sensibles. Es tanto el aturdimiento que tenemos dentro del cerebro, tanto ruido de fondo, tantos estímulos, tanto estrés autoprovocado encima del que existe de verdad, que esos estímulos pasan sin más. 

Ahora, supongamos que estamos lo suficientemente alerta y percibimos la atención, ¿cómo podemos estar seguros de la intención detrás? Somos incapaces, al menos por ahora, de interpretar estos impulsos eléctricos. Por eso usamos el lenguaje hablado y escrito, sonidos y símbolos. Inclusive así, no garantiza la efectividad del mensaje. 
Tratamos de adquirir lo que llamamos «comprensión lectora» que implica asimilar el mensaje de fondo que nos muestra los símbolos que forman palabras y estas, frases. 
Existe también la «multiplicidad de capas» en un mensaje, algo así como una espiral descendente en profundidad de significado que no todos pueden abarcar. Tenemos también las figuras literarias. La elipsis, por ejemplo, consiste en obviar una parte importante, central del mensaje, pero darlo a entender mostrando una situación. Aquí es el lector que debe «rellenar» ese hueco conceptual con sus deducciones, lo que da la posibilidad de varios «finales». 
Claro que todo esto nos fascina, estimula la imaginación, pero, ¿sirve a los fines últimos de la eficiencia de comunicación? No. Y en eso seguimos viviendo en una Torre de Babel mundial. 
Compartimos algunos códigos sin importar el lugar de residencia o la cultura en que nacimos, y otros que se nos dificulta tremendamente asimilar por no tener la experiencia de vida de aquel. 

Como cierre, y como utopía, me gusta pensar que, algún día, seremos capaces de una comunicación 100% efectiva, natural, eficiente y minimalista, que destierre de una vez por todas la mentira, el engaño, la traición y, por sobre todo, el miedo. 


Algún día... 







Comentarios

Entradas populares