El arte como forma de terapia








Lo primero que quiero decir es que no soy terapeuta de ningún tipo. Lo que viene a continuación está basado en mi experiencia tanto como aprendiz de diferentes artes como orientador en algunas de ellas. 

Existen dos formas principales en que acercarse al arte puede resultar terapéutico. 
La primera es hacer en sí mismo: pintar para expresar emociones, escribir para poner en palabras lo que aún no se entiende, bailar para liberar tensiones... Y más. 
Para esto una de las principales cualidades que necesitamos es paciencia. Sé que alguno puede pensar que su ansiedad no le permite tenerla y que se acercó al arte para tratar de cultivarla. Y es verdad, y de eso hablaré un poco más adelante. 
Sacar lo que llevamos dentro es una forma de hacer catarsis pacífico. Verlo plasmado fuera nos libera del peso de no poder hablarlo, expresarlo en determinados ámbitos que sentimos podrían perjudicarnos. 
Pongamos por ejemplo que tenemos un problema con algún familiar. De repente el hecho en sí mismo no reviste mayor gravedad y con una conversación sensata y calmada se podría llegar a un acuerdo y a la liberación del sentimiento que nos oprime. Pero, suele suceder que ese sentimiento se apodere de nuestra razón, que se disparen las emociones y con ellas las bolas de nieve de pensamientos del estilo «qué piensa que es, nunca se pone en mi lugar, lo hace porque no le importo ni un poco, está violando mis derechos, no respeta mi espacio ni mis sentimientos, tendría que decirle que es un/una...», ustedes me entienden. Y este maremágnum de deducciones, que pueden o no ser reales porque no hemos preguntado al otro qué le ocurre y este tampoco nos pregunta a nosotros porque siente también la tensión en el ambiente y saca a su vez sus propias conclusiones, nos impide resolver el asunto y nos genera una cantidad de emociones que buscan salir por un lado u otro. 
Bien, practicar una forma de arte puede ayudarnos a volcar esas emociones sobre el papel, sobre la pista de baile, sobre el lienzo, etcétera. Tengo que decir que no nos ayuda a tratar de fondo el asunto sino sólo a liberar nuestra tensión de forma momentánea. Si no usamos ese espacio vacío que dejó la liberación, esa paz que sentimos luego para encarar el tema de manera natural, rápidamente volverá a llenarse de las mismas emociones.
Entonces la expresion artística nos sirve para hacernos más livianos y desde esa sensación de paz encarar la vida de otra manera. En el mejor de los casos. Si no, al menos nos es útil para liberar las tensiones que nos provoca la cotidianidad.

Hay otra forma en que el arte puede servirnos de terapia y que, al menos desde mi punto de vista, es mucho más útil aún, y puede resutar incómoda como a veces acudir a un terapeuta puede llegar a serlo: el arte nos pone frente a molestias, debilidades, puntos vulnerables... En otras palabras, nos acerca más a un conocimiento de nosotros mismos que de otra forma, en la inercia del día a día, no veríamos.
Tomemos el ejemplo de más arriba: soy una persona ansiosa y me han dicho que practicar arte puede ayudar a bajar las revoluciones. Llego a la clase y lo primero que me dice el orientador es "vas a necesitar paciencia para hacer esto" y entonces me siento, de entrada, estafado. Vine buscando paciencia porque no tengo, ¿cómo me pides que tenga paciencia? Si podemos pasar ese momento de desilusión momentánea y nos avocamos a la tarea, aun llenos de ansiedad, iremos trabajando dos cosas, el dibujo, escultura, cuento, paso, coreografía, y nuestra paciencia. Hacia nosotros mismos y nuestro proceso y luego,como en un espejo, hacia el proceso de los demás. 
Entonces, en este caso, practicar arte no nos sirve de igual manera que en el anterior. Es decir, no es simplemente volcar lo que llevamos dentro y listo, sino más bien transformar por medio de algo lo que somos. Hacernos conscientes de la manera en que nos afecta y cambiarlo a través del proceso de aprendizaje. 
Tambien tengo que decir que he visto muchos alumnos abandonar justo en ese momento, que puede presentarse al inicio o a la primera incomodidad con lo que se está haciendo o que implique un reto a algún miedo interior. Ahora, si podemos sorbrellevar ese primer momento, entonces estaremos  haceindo arte-terapia. 

Quiero contar acerca de la primera vez que fui a una escuela de danza. Jamás quise bailar, de niño sentí muchísima vergüenza en un ensayo para una fiesta escolar y ya no pude con el hecho de mover mi cuerpo delante de la gente. No tenía problemas con recitar de memoria poemas o cuentos delante de la misma cantidad de gente, confiaba en mi memoria, pero me era imposible confiar en mi habilidad para movrme al compás de la música, para, de alguna forma, dejarme ir... Pues bien, ahí estaba yo, en medio de una pista, tratando de aprender los primeros pasos. No estoy seguro de poder describir el cúmulo de sentimientos y emociones que se agolparon en mí en ese momento: vergüenza obviamente, pánico, miedo al ridículo, torpeza motriz, terror, horror, más miedo... Sólo viví algo similar en la sala de espera del dentista, cuando lo fino de la madera de la puerta del consutorio dejaba pasar el sonido del torno, los gritos de dolor de los pacientes que iban disminuyendo en número para que fuera el siguiente, la aceleración del corazón, las millones de hormigas en la panza, el temblor de la pierna derecha... Todo aquello se presentaba nuevamente en aquel momento. En ambos casos tuve que decirme a mí mismo que estaba allí por propia voluntad y que si cada sesión o cada clase me iban a generar esos sentimientos y emociones me iba a morir, literalmente. Así que decidí tomarlo con calma, aceptar mis limitaciones y abrirme a lo que vendría sin imaginar escenarios terroríficos. De más está decir que recomiendo fervientemente acercarse al arte antes de a un dentista, a no ser que sea necesario. 

Todo esto para ejemplificar que lo que creemos que no es para nosotros, a veces es solo miedo. 
Esa incomodidad que nos surge no significa necesariamente que aquello no sea para nosotros sino que ahí hay algo que podemos trabajar dentro nuestro.
Todo tipo de arte requiere perseverancia y paciencia. Y si somos ansiosos poner en práctica esta perseverancia es lo que nos dará la paciencia, ya que de a poco vamos a ir logrando cosas. La paciencia la tenemos que tener con nosotros mismos para lograr lo que tenemos entre manos. 

La danza me sirvió para sobrellevar el pánico escénico, la sensación del juicio de la mirada de los demás, hacerme consciente de que podía llevar adelante algo aunque no "fuera lo mío" y hacerlo de la mejor manera que posible para mi físico. 
La escitura por su parte me sirvió muchísimo para sacarme pesos emocionales de arriba. Sentía al terminar de escribir una liviandad pacífica que no tenía antes de empezar. También para ver cual era mi prioridad en mis pensamientos y emociones. Qué temas repetía una y otra vez, la manera en la que los enfocaba, cómo concebía los personajes y el espejo de mi popia vida... 
El dibujo y la pintura me sirvió mucho para empatizar con las emociones de los demás, ver las expresiones en las caras que tenía delante para dibujar me hacía sentir de alguna manera (aunque fuera dentro de mi imaginación) lo que estaban sintiendo o parte de su historia vital, prestar más atención a los gestos y expresiones de las personas reales con las que interactuaba.

No quiero alargar demasiado esta entrada. Me gustaría  cerrar con la invitación a que se acerquen al arte en cualquiera de sus expresiones, que se permitan ser aprendices eternos, que se animen a errar y a aprender de esos errores, que sobrepasen la primera molestia para encontrar potencialidades que de otra forma no podían ver, que se den a ustedes mismos la posibilidad de conocerse un poco más a través de su expresión artística. 

El arte, sana. 

Comentarios

Entradas populares