Mundos paralelos
Marcos era una persona regular, pero no podría decir que era “normal”. Tenía un tipo de “enfermedad” muy rara, o tal vez no lo fuera tanto, pero en él se acentuaba de una forma que en el resto de las personas no existía.
Padecía de Imaginitis aguda ¡bah! él la disfrutaba a lo grande, pero la gente pensaba que estaba sufriendo demasiado y que debía atenderse.
La primera en decirle que buscara un especialista fue Norma, su ex esposa, que lo abandonara tiempo más adelante cuando Marcos le dijo que no era para tanto. Norma no soportaba hablarle y no recibir respuesta. Por lo general le daba haciendo cosas, pero cualquier momento era bueno. Una vez, parado cocinando, comenzó a pensar en su nuevo espectáculo (era artista polifacético y multidisciplinario). Sus manos y su razonamiento habitual estaban concentrados en cortar tomates, poner agua en el fuego, picar ajo, cebolla, morrón, rayar zanahoria, agregar condimentos. Si lo veías estaba muy concentrado y entretenido haciendo la comida, pero dentro de su mente se daba el dilema.
Padecía de Imaginitis aguda ¡bah! él la disfrutaba a lo grande, pero la gente pensaba que estaba sufriendo demasiado y que debía atenderse.
La primera en decirle que buscara un especialista fue Norma, su ex esposa, que lo abandonara tiempo más adelante cuando Marcos le dijo que no era para tanto. Norma no soportaba hablarle y no recibir respuesta. Por lo general le daba haciendo cosas, pero cualquier momento era bueno. Una vez, parado cocinando, comenzó a pensar en su nuevo espectáculo (era artista polifacético y multidisciplinario). Sus manos y su razonamiento habitual estaban concentrados en cortar tomates, poner agua en el fuego, picar ajo, cebolla, morrón, rayar zanahoria, agregar condimentos. Si lo veías estaba muy concentrado y entretenido haciendo la comida, pero dentro de su mente se daba el dilema.
Marcos estaba hablando con el sonidista, explicándole los detalles de la obra que estaba por comenzar. Apasionadamente relataba cada detalle: dónde debía subir la música, dónde bajarla, en qué momento aplicar ese efecto de trueno y colocar el de suave brisa que acaricia los pastizales. Todo debía ser en perfecta combinación con los bailarines, así que ellos harían las partes de orquesta sinfónica. El iluminador jugaba un papel igual de importante, las luces, los colores, los ambientes que debía generar en los momentos precisos, los efectos especiales, el humo, las finas gotas de rocío, los aromas, todo debía estar en su lugar en el momento adecuado.
Mientras tanto la coreógrafa ultimaba detalles con el cuerpo de danza, los sutiles movimientos, las sedas volátiles, las emociones y los gestos. Toda la obra había sido pensada e inspirada para que cada cosa estuviera en su lugar y diera el efecto buscado. Era una belleza para los sentidos. La culminación de mucho tiempo de esfuerzo.
Todo estaba listo. El público ansioso en las butacas no dejaba de moverse, algunos que llegaban tarde, revivían la fogata del alboroto, pero a medida que llegaba la hora el silencio expectante se apoderaba de todos. Cuando por el micrófono llamaron a Marcos para que dijera unas palabras al público antes del show, estaba absorto en su discurso y en los detalles, repasándolos al punto que tuvieron que repetir el llamado más de una vez, hasta que con el ultimo : —“¡Marcos!” reaccionó que la voz se parecía mucho a la de Norma y súbitamente notó que ya no estaba parado detrás del escenario sino en su cocina, delante de la mesada revolviendo la salsa con una mano y cortando un trozo de pan con la otra para probar si estaba a punto.
—Te estaba hablando —refunfuñó Norma— ¿no me oíste?
—Sí claro, lo que pasa es que estaba muy concentrado.
—¿Concentrado o en uno de tus mundos? Esto se te está yendo de las manos, tenemos que buscar ayuda.
—Pero si yo me siento bárbaro, no tengo problema ninguno, fijate, vas a comer la mejor salsa de tomate de tu vida, —decía mientras hundía el trozo de pan en ella—, ¡no sabes qué rica que me quedó! ¿Querés probar?
—Lo que quiero es que me des corte, estas ahí parado y parece que estuvieras durmiendo, te hablo y no me contestas, ¿me estas ignorando?
—¿¡Pero como te voy a ignorar!? Vos sabés que a veces me pierdo en mis pensamientos, pero nunca te ignoro, sos importante para mí.
—Bueno entonces me vas a acompañar a un psicólogo amigo para que te vea, ya que para mí eso no es normal. No puede ser que no sientas nada de lo que pasa a tu alrededor.
—Ok. Pero sólo para que te quedes tranquila de que todo está bien.
Mientras tanto la coreógrafa ultimaba detalles con el cuerpo de danza, los sutiles movimientos, las sedas volátiles, las emociones y los gestos. Toda la obra había sido pensada e inspirada para que cada cosa estuviera en su lugar y diera el efecto buscado. Era una belleza para los sentidos. La culminación de mucho tiempo de esfuerzo.
Todo estaba listo. El público ansioso en las butacas no dejaba de moverse, algunos que llegaban tarde, revivían la fogata del alboroto, pero a medida que llegaba la hora el silencio expectante se apoderaba de todos. Cuando por el micrófono llamaron a Marcos para que dijera unas palabras al público antes del show, estaba absorto en su discurso y en los detalles, repasándolos al punto que tuvieron que repetir el llamado más de una vez, hasta que con el ultimo : —“¡Marcos!” reaccionó que la voz se parecía mucho a la de Norma y súbitamente notó que ya no estaba parado detrás del escenario sino en su cocina, delante de la mesada revolviendo la salsa con una mano y cortando un trozo de pan con la otra para probar si estaba a punto.
—Te estaba hablando —refunfuñó Norma— ¿no me oíste?
—Sí claro, lo que pasa es que estaba muy concentrado.
—¿Concentrado o en uno de tus mundos? Esto se te está yendo de las manos, tenemos que buscar ayuda.
—Pero si yo me siento bárbaro, no tengo problema ninguno, fijate, vas a comer la mejor salsa de tomate de tu vida, —decía mientras hundía el trozo de pan en ella—, ¡no sabes qué rica que me quedó! ¿Querés probar?
—Lo que quiero es que me des corte, estas ahí parado y parece que estuvieras durmiendo, te hablo y no me contestas, ¿me estas ignorando?
—¿¡Pero como te voy a ignorar!? Vos sabés que a veces me pierdo en mis pensamientos, pero nunca te ignoro, sos importante para mí.
—Bueno entonces me vas a acompañar a un psicólogo amigo para que te vea, ya que para mí eso no es normal. No puede ser que no sientas nada de lo que pasa a tu alrededor.
—Ok. Pero sólo para que te quedes tranquila de que todo está bien.
El doctor Julio Enríquez era un buen profesional, no era muy amigo de las medicaciones y había explorado durante su formación varias técnicas y estados de la mente para conocer de primera mano lo que podía ser real y lo que era alucinación. Estaba convencido de que la gente creaba su “cielo y su infierno”, sabia reconocer en ello cuando la imaginación era benéfica y cuando se establecía una patología alucinatoria, había escrito varios libros al respecto y por eso Norma confiaba que él podía saber si a Marcos le estaba pasando algo malo o era su forma de ser.
Llegaron temprano a la cita y se sentaron a esperar. El lugar tenía unos cómodos sillones, pero a diferencia de las salas de espera de otros doctores, ésta no tenía ni mesa ratona, ni revistas cholulas para matar el tiempo, ni cuadros, ni ningún otro tipo de adorno, el color de las paredes era de un suave amarillo, como el color de la arena y el contraste lo hacia una hermosa planta en un rincón, y la puerta de madera del consultorio.
Entramos, el doctor Nos recibió como viejos familiares que hacía tiempo no veía, pero al mismo tiempo con la clásica y entrenada frialdad de los profesionales. Nos invitó a ponernos cómodos y comenzó con las preguntas. La primera fue dirigida a Norma y fue directo al grano: —Querida ¿piensas que tu marido está loco?
La cara de sorpresa de Norma era impagable, debo confesar que mis labios no pudieron evitar esbozar una sonrisa mientras agachaba la cabeza, aclarándome la garganta y esperando la respuesta. Luego de unos segundos incómodos de silencio ella respondió:
—No sé si loco, loco, pero es algo rarito. A veces pienso que se va de la realidad, es como que está ahí, haciendo las cosas, pero él no está ¿me explico? Esa sensación de estar conviviendo con un autómata me está matando Julio, ¿me entendés?
—Claro que te entiendo, pero quiero saber tu posición en este asunto. Hace mucho que no nos vemos y quería entender lo que sentías. A veces las cosas directas son las más efectivas para conocer lo que sucede. Ahora, si me disculpas, tengo que hablar con Marcos en privado.
Ella dejó el consultorio y el doctor cerró la puerta a su salida. Se dio vuelta y me dijo directamente: —Tú no sientes que estás loco ¿verdad?
—Claro que no, respondí sin dudar, aunque a veces me lo cuestiono. Norma se preocupa mucho por mí y no me gusta hacerla sentir mal. Pero es que me pongo a imaginar cosas y realmente es como si pasaran, son tan vívidas las experiencias, a veces hasta más que las de la vida real ¿me entiende doctor? ¿Será que es locura eso?
Sentándose en su sillón y acariciando su barba como masticando un pensamiento, me miro y me dijo: —¿qué pensarías si te dijera que esas experiencias son reales? Hace mucho tiempo, durante mis investigaciones encontré un grupo de personas que tenían la facultad de estar en dos mundos al mismo tiempo. ¿Te parece extraño eso?
Al principio me sorprendió su respuesta, no esperaba algo así de un profesional, pero había algo en el tono de voz y en la seriedad con la que hablaba que me hacía pensar que realmente estábamos hablando de mundos paralelos. Pero, ¿cómo era eso posible? Una cosa era tener una imaginación tan viva que pareciera de verdad, eso lo aceptaba, ¿pero otro mundo…? Eso ya era demasiado. Aunque por otro lado eso podía explicar esa sensación de ausencia, pero al mismo tiempo seguir con lo que estaba haciendo. Si solo fuera mi imaginación y nada más se me hubiera quemado la salsa. Tenía que saber más, así que pregunté y pregunté. ¿Usted ha vivido eso doctor?
—Yo no, pero conocí gente que sí; estuve intentando, haciendo unos ejercicios para ver si lo lograba pero fue en vano. Me gustaría hacer una prueba, si no te molesta, para estar seguro.
—Está bien, pero no sé si pueda hacerlo voluntariamente, no pienso cuando lo hago, solo pasa.
—No te preocupes, cerrá los ojos y contame lo primero que se venga a tu mente.
Al cerrar los ojos lo primero que vi fue una playa, tal vez influenciado por la sala de espera, pero ahí estaba yo, parado en la arena oliendo el agua salada, sintiendo el calor del sol en mi piel y disfrutando del verde que tenía a mi izquierda, el paisaje era hermoso, comencé a caminar por la orilla y me mojaba los pies con las olas que iban y venían. –¡Esto es una maravilla doctor! El agua está hermosa, con la temperatura justa, ¿por qué no viene a darse un chapuzón? Al principio no sentí respuesta alguna, miré a mi alrededor y el doctor no estaba, y yo, literalmente estaba en la playa, sumido en el paisaje, como si me hubiera transportado algún tipo de aparato como el de las películas de ciencia ficción, pero ¿y el doctor? ¿Cómo podía yo hacerle saber si esto era una alucinación o realmente estaba en ese lugar? Seguí caminando pensando en estas cosas, traté de imaginar que estaba en el consultorio de nuevo, pero por alguna razón me resultaba muy difícil alejar mi mente del momento que vivía, era como si estuviera bloqueado el acceso a esa parte que usaba para imaginar, ¿o seria que no la necesitaba? En esa cavilación una ola tapo mis pies y me devolvió rápidamente al momento en el que estaba y nada más pareció ya importar, sólo la existencia y cada cosa. Todo estaba ahí como debe ser, nada sobra, nada falta, y no había deseos de cambiar nada sino de ser parte de eso, se sentía familiar, pacífico, no había conflicto entre las cosas.
De repente comencé a sentir la voz del doctor que me llamaba, pero no podía verlo, no sabía dónde encontrarlo, pero la voz provenía como del aire, era algo muy raro. Alcé mi cabeza y sentí que el estómago se me anudaba. Adelante mío el cielo se había vuelto tormentoso, oscuras nubes avanzaban con rayos que caían al mar, el sol se fue tapando y la tormenta se fue concentrando directamente frente a mí. De allí surgió la figura del doctor en su bata blanca, pero su cara era diferente, sus facciones eran más toscas y su semblante amenazador. Con la misma voz profunda me dijo:
—Estoy acá, este es un mundo paralelo, es real, de alguna forma me imaginé lo que me describías y aparecí acá, parece ser que tu capacidad para “imaginar” cosas va más allá de lo que pensé.
—¿Pero se siente bien doctor? ¿Por qué parece otra persona?
No había terminado de formular la pregunta cuando de repente el doctor y toda su tormenta fueron succionados desde algún punto en el horizonte por donde había aparecido. Corrí para tratar de alcanzarlo, pero fue inútil, quedé parado con la vista perdida en la lejanía tratando de entender lo que ocurrió, cuando sentí la voz de Norma:
—Marcos, ¿te sentís bien?
En ese momento bajé la vista y me encontré en el umbral del consultorio, parado justo en la puerta con Norma mirándome con ojos sorprendidos y con un toque de congoja.
—¿Estas bien? ¿Qué paso? Abriste la puerta y quedaste ahí parado mirando sin mirar, me asusté, varias veces repetí tu nombre hasta que bajaste la cabeza y luego me miraste a los ojos.
—Norma es real, mis imaginaciones son reales, no estoy loco, ¡son otros mundos!
Llegaron temprano a la cita y se sentaron a esperar. El lugar tenía unos cómodos sillones, pero a diferencia de las salas de espera de otros doctores, ésta no tenía ni mesa ratona, ni revistas cholulas para matar el tiempo, ni cuadros, ni ningún otro tipo de adorno, el color de las paredes era de un suave amarillo, como el color de la arena y el contraste lo hacia una hermosa planta en un rincón, y la puerta de madera del consultorio.
Entramos, el doctor Nos recibió como viejos familiares que hacía tiempo no veía, pero al mismo tiempo con la clásica y entrenada frialdad de los profesionales. Nos invitó a ponernos cómodos y comenzó con las preguntas. La primera fue dirigida a Norma y fue directo al grano: —Querida ¿piensas que tu marido está loco?
La cara de sorpresa de Norma era impagable, debo confesar que mis labios no pudieron evitar esbozar una sonrisa mientras agachaba la cabeza, aclarándome la garganta y esperando la respuesta. Luego de unos segundos incómodos de silencio ella respondió:
—No sé si loco, loco, pero es algo rarito. A veces pienso que se va de la realidad, es como que está ahí, haciendo las cosas, pero él no está ¿me explico? Esa sensación de estar conviviendo con un autómata me está matando Julio, ¿me entendés?
—Claro que te entiendo, pero quiero saber tu posición en este asunto. Hace mucho que no nos vemos y quería entender lo que sentías. A veces las cosas directas son las más efectivas para conocer lo que sucede. Ahora, si me disculpas, tengo que hablar con Marcos en privado.
Ella dejó el consultorio y el doctor cerró la puerta a su salida. Se dio vuelta y me dijo directamente: —Tú no sientes que estás loco ¿verdad?
—Claro que no, respondí sin dudar, aunque a veces me lo cuestiono. Norma se preocupa mucho por mí y no me gusta hacerla sentir mal. Pero es que me pongo a imaginar cosas y realmente es como si pasaran, son tan vívidas las experiencias, a veces hasta más que las de la vida real ¿me entiende doctor? ¿Será que es locura eso?
Sentándose en su sillón y acariciando su barba como masticando un pensamiento, me miro y me dijo: —¿qué pensarías si te dijera que esas experiencias son reales? Hace mucho tiempo, durante mis investigaciones encontré un grupo de personas que tenían la facultad de estar en dos mundos al mismo tiempo. ¿Te parece extraño eso?
Al principio me sorprendió su respuesta, no esperaba algo así de un profesional, pero había algo en el tono de voz y en la seriedad con la que hablaba que me hacía pensar que realmente estábamos hablando de mundos paralelos. Pero, ¿cómo era eso posible? Una cosa era tener una imaginación tan viva que pareciera de verdad, eso lo aceptaba, ¿pero otro mundo…? Eso ya era demasiado. Aunque por otro lado eso podía explicar esa sensación de ausencia, pero al mismo tiempo seguir con lo que estaba haciendo. Si solo fuera mi imaginación y nada más se me hubiera quemado la salsa. Tenía que saber más, así que pregunté y pregunté. ¿Usted ha vivido eso doctor?
—Yo no, pero conocí gente que sí; estuve intentando, haciendo unos ejercicios para ver si lo lograba pero fue en vano. Me gustaría hacer una prueba, si no te molesta, para estar seguro.
—Está bien, pero no sé si pueda hacerlo voluntariamente, no pienso cuando lo hago, solo pasa.
—No te preocupes, cerrá los ojos y contame lo primero que se venga a tu mente.
Al cerrar los ojos lo primero que vi fue una playa, tal vez influenciado por la sala de espera, pero ahí estaba yo, parado en la arena oliendo el agua salada, sintiendo el calor del sol en mi piel y disfrutando del verde que tenía a mi izquierda, el paisaje era hermoso, comencé a caminar por la orilla y me mojaba los pies con las olas que iban y venían. –¡Esto es una maravilla doctor! El agua está hermosa, con la temperatura justa, ¿por qué no viene a darse un chapuzón? Al principio no sentí respuesta alguna, miré a mi alrededor y el doctor no estaba, y yo, literalmente estaba en la playa, sumido en el paisaje, como si me hubiera transportado algún tipo de aparato como el de las películas de ciencia ficción, pero ¿y el doctor? ¿Cómo podía yo hacerle saber si esto era una alucinación o realmente estaba en ese lugar? Seguí caminando pensando en estas cosas, traté de imaginar que estaba en el consultorio de nuevo, pero por alguna razón me resultaba muy difícil alejar mi mente del momento que vivía, era como si estuviera bloqueado el acceso a esa parte que usaba para imaginar, ¿o seria que no la necesitaba? En esa cavilación una ola tapo mis pies y me devolvió rápidamente al momento en el que estaba y nada más pareció ya importar, sólo la existencia y cada cosa. Todo estaba ahí como debe ser, nada sobra, nada falta, y no había deseos de cambiar nada sino de ser parte de eso, se sentía familiar, pacífico, no había conflicto entre las cosas.
De repente comencé a sentir la voz del doctor que me llamaba, pero no podía verlo, no sabía dónde encontrarlo, pero la voz provenía como del aire, era algo muy raro. Alcé mi cabeza y sentí que el estómago se me anudaba. Adelante mío el cielo se había vuelto tormentoso, oscuras nubes avanzaban con rayos que caían al mar, el sol se fue tapando y la tormenta se fue concentrando directamente frente a mí. De allí surgió la figura del doctor en su bata blanca, pero su cara era diferente, sus facciones eran más toscas y su semblante amenazador. Con la misma voz profunda me dijo:
—Estoy acá, este es un mundo paralelo, es real, de alguna forma me imaginé lo que me describías y aparecí acá, parece ser que tu capacidad para “imaginar” cosas va más allá de lo que pensé.
—¿Pero se siente bien doctor? ¿Por qué parece otra persona?
No había terminado de formular la pregunta cuando de repente el doctor y toda su tormenta fueron succionados desde algún punto en el horizonte por donde había aparecido. Corrí para tratar de alcanzarlo, pero fue inútil, quedé parado con la vista perdida en la lejanía tratando de entender lo que ocurrió, cuando sentí la voz de Norma:
—Marcos, ¿te sentís bien?
En ese momento bajé la vista y me encontré en el umbral del consultorio, parado justo en la puerta con Norma mirándome con ojos sorprendidos y con un toque de congoja.
—¿Estas bien? ¿Qué paso? Abriste la puerta y quedaste ahí parado mirando sin mirar, me asusté, varias veces repetí tu nombre hasta que bajaste la cabeza y luego me miraste a los ojos.
—Norma es real, mis imaginaciones son reales, no estoy loco, ¡son otros mundos!
Una lágrima corrió por la mejilla de Norma, agachó la cabeza meneándola de un lado a otro y susurrando me dijo que ese era el fin, que ya no soportaba más, que haber venido a lo de Julio era su última esperanza, si él no podía conmigo era porque no había solución. Sin mirar atrás se despidió y salió para no volver a saber nada de ella.
En ese momento de tristeza me percaté de que el doctor Julio no había dado señales, giré sobre mis pies y lo vi sentado en su sillón con las manos tomando su cabeza y corrí a preguntarle si realmente había estado allí.
—Si Marcos, estuve ahí. Realmente esto es más de lo que yo pensaba, no tengo ninguna herramienta para ayudarte, de hecho, creo que tú fuiste el que me ayudó a mí, pero tengo que advertirte algo, este camino puede llevarte a la verdadera locura, puede llegar un punto en el que ya no distingas entre este mundo y el otro y te pierdas en un ciclo interminable. Lo he visto y no es agradable. Esta “capacidad” por llamarlo de alguna manera, es como una especie de autismo, pero con plena conciencia. El autista está en su mundo y de alguna manera ve las cosas diferentes de lo que nosotros lo hacemos. Suelen reaccionar más a las emociones que los rodean y son muy sensibles a todo lo que altere su estabilidad, necesitan anclas a este mundo para no perderse en “su” mundo y seguir vivos, pero su mente está más allá que acá, interactuando con el acá casi como nosotros cuando soñamos e interactuamos con el allá, ¿me entiendes?
—Creo que si, ¿pero me está diciendo que realmente me voy a otro mundo?
—Más bien es algo así como otra dimensión, otra forma de vibrar, está interconectada con esta realidad, pero no la vemos y algunos, como vos, tienen la capacidad de entrar y salir de allí como si fuera lo más común. Ahora tengo que decirte, más bien implorarte, que dejes de hacerlo, no es algo bueno para vos. Mi consejo profesional es que cuando sientas que tienes ganas de imaginarte algo, cuando sientas la necesidad de escaparte de alguna situación que te molesta, cuando la euforia de la alegría te embargue y sientas que tienes que regocijarte en ese sentimiento, debes tomar algo, voy a derivarte a un psiquiatra amigo que tiene medicaciones para esto, no puedes seguir yendo a otro lado, así como así, estas en este mundo, no en otro, tienes que quedarte en este y punto. Es por tu bien.
Escribió algo en un papel, me lo dio y me pidió que me fuera. Traté de preguntarle por qué había aparecido como una tormenta, que sintió, pero él solo respondió tajantemente que me fuera, insistí, no podía quedarme con la intriga, pero mirándome fijamente a los ojos con una expresión de dolor y desconcierto me pidió por favor que me vaya, que no lo hiciera más y que por favor pensara bien en lo que me había dicho, que era por mi bienestar.
Me fui del consultorio peor de lo que había entrado. Ya no sabía dónde quedaba el norte. Hasta unas horas atrás mi mundo era genial, todo estaba bien, y en cuestión de dos horas todo se desmoronó. Que no me estresara, que no quisiera escapar… ¿Quién dijo que escapaba? ¿Quién dijo que mi imaginación era peligrosa, por qué debía dejar de hacerlo? Además, había perdido a mi esposa, pero aun consideraba que no había sido yo el culpable, como podía pedir perdón por ser de una manera. Pensaba que no era malo, que era un tanto distraído, capaz, soñador, como solían llamarme, pero no era mala persona, solo imaginaba mundos y situaciones.
Al llegar a una plaza que quedaba de camino a casa, me puse a pensar qué iba a hacer ahora, tendría que buscar un lugar donde vivir, tal vez era buen momento para mudarme de ciudad, a un lugar donde nadie me conociera y empezar todo de nuevo, esa era una buena idea. Buscar un lugar con mucha naturaleza, grandes bosques con ríos que lo atraviesen, tal vez alguna montaña para explorar, pero eso si, cerca de un pueblo, para poder trabajar y que me permita convivir con la naturaleza. Tal vez trabajar de guarda parque, me acuerdo de aquel pueblito que visite hace unos años, que estaba al pie de una cascada con hermosos y añosos árboles, que la gente de allí era genial, te traba como si fueras familia, te saludaba cada vez que te cruzaba y siempre estaban dispuestos a darte una mano para lo que necesitaras, ¿cómo se llamaba?... En fin tiene que ser ese el lugar…
Cuando llegue me estaban esperando, aún me recordaban, cosa que me sorprendió bastante. Me dijeron que necesitaban una persona que pudiera ayudar en las tareas de mantenimiento y preservación del parque local, el último ayudante había renunciado unos días atrás y las tareas comenzaban a acumularse. Me dijeron que había una pequeña cabaña de troncos en medio del bosque que me podía ser útil y que si la señora se mudaba conmigo había posibilidad de agregar un cuarto nuevo debajo del alero que daba al este. Les comenté que solo era yo, que la señora ya no iba a llegar y que la cabaña era perfecta y que si así lo querían podía empezar mañana mismo. Acordamos los términos y me llevaron a mi nueva morada.
La cabaña era mágica, sencillamente, todo lo que había soñado. El rio corría a unos cincuenta metros de mi porche y el sol dibujaba diferentes patrones de luz y sombra que hacían la mejor alfombra natural que uno pudiera pedir. Al abrir la puerta el aroma del lugar era tan acogedor como la forma en la que lucía: pequeña, cálida, iluminada, definitivamente ese era mi hogar. Puse a calentar una caldera en la cocina y me dispuse a encender una fogata en la estufa, pero antes de irme del todo a descansar quise observar el atardecer desde la mecedora del porche. Todo era tan perfecto, los colores, las luces, las sombras, los cantos de los pájaros despidiendo al sol, a un día más que se iba. Dándole la bienvenida a la noche alguna lechuza que chistaba como recordando que ese era momento para el silencio, para el recogimiento interior, para descansar del trajín diario.
Cerré mis ojos y respiré, honda y sanadoramente…
Al fin estaba en casa.
En ese momento de tristeza me percaté de que el doctor Julio no había dado señales, giré sobre mis pies y lo vi sentado en su sillón con las manos tomando su cabeza y corrí a preguntarle si realmente había estado allí.
—Si Marcos, estuve ahí. Realmente esto es más de lo que yo pensaba, no tengo ninguna herramienta para ayudarte, de hecho, creo que tú fuiste el que me ayudó a mí, pero tengo que advertirte algo, este camino puede llevarte a la verdadera locura, puede llegar un punto en el que ya no distingas entre este mundo y el otro y te pierdas en un ciclo interminable. Lo he visto y no es agradable. Esta “capacidad” por llamarlo de alguna manera, es como una especie de autismo, pero con plena conciencia. El autista está en su mundo y de alguna manera ve las cosas diferentes de lo que nosotros lo hacemos. Suelen reaccionar más a las emociones que los rodean y son muy sensibles a todo lo que altere su estabilidad, necesitan anclas a este mundo para no perderse en “su” mundo y seguir vivos, pero su mente está más allá que acá, interactuando con el acá casi como nosotros cuando soñamos e interactuamos con el allá, ¿me entiendes?
—Creo que si, ¿pero me está diciendo que realmente me voy a otro mundo?
—Más bien es algo así como otra dimensión, otra forma de vibrar, está interconectada con esta realidad, pero no la vemos y algunos, como vos, tienen la capacidad de entrar y salir de allí como si fuera lo más común. Ahora tengo que decirte, más bien implorarte, que dejes de hacerlo, no es algo bueno para vos. Mi consejo profesional es que cuando sientas que tienes ganas de imaginarte algo, cuando sientas la necesidad de escaparte de alguna situación que te molesta, cuando la euforia de la alegría te embargue y sientas que tienes que regocijarte en ese sentimiento, debes tomar algo, voy a derivarte a un psiquiatra amigo que tiene medicaciones para esto, no puedes seguir yendo a otro lado, así como así, estas en este mundo, no en otro, tienes que quedarte en este y punto. Es por tu bien.
Escribió algo en un papel, me lo dio y me pidió que me fuera. Traté de preguntarle por qué había aparecido como una tormenta, que sintió, pero él solo respondió tajantemente que me fuera, insistí, no podía quedarme con la intriga, pero mirándome fijamente a los ojos con una expresión de dolor y desconcierto me pidió por favor que me vaya, que no lo hiciera más y que por favor pensara bien en lo que me había dicho, que era por mi bienestar.
Me fui del consultorio peor de lo que había entrado. Ya no sabía dónde quedaba el norte. Hasta unas horas atrás mi mundo era genial, todo estaba bien, y en cuestión de dos horas todo se desmoronó. Que no me estresara, que no quisiera escapar… ¿Quién dijo que escapaba? ¿Quién dijo que mi imaginación era peligrosa, por qué debía dejar de hacerlo? Además, había perdido a mi esposa, pero aun consideraba que no había sido yo el culpable, como podía pedir perdón por ser de una manera. Pensaba que no era malo, que era un tanto distraído, capaz, soñador, como solían llamarme, pero no era mala persona, solo imaginaba mundos y situaciones.
Al llegar a una plaza que quedaba de camino a casa, me puse a pensar qué iba a hacer ahora, tendría que buscar un lugar donde vivir, tal vez era buen momento para mudarme de ciudad, a un lugar donde nadie me conociera y empezar todo de nuevo, esa era una buena idea. Buscar un lugar con mucha naturaleza, grandes bosques con ríos que lo atraviesen, tal vez alguna montaña para explorar, pero eso si, cerca de un pueblo, para poder trabajar y que me permita convivir con la naturaleza. Tal vez trabajar de guarda parque, me acuerdo de aquel pueblito que visite hace unos años, que estaba al pie de una cascada con hermosos y añosos árboles, que la gente de allí era genial, te traba como si fueras familia, te saludaba cada vez que te cruzaba y siempre estaban dispuestos a darte una mano para lo que necesitaras, ¿cómo se llamaba?... En fin tiene que ser ese el lugar…
Cuando llegue me estaban esperando, aún me recordaban, cosa que me sorprendió bastante. Me dijeron que necesitaban una persona que pudiera ayudar en las tareas de mantenimiento y preservación del parque local, el último ayudante había renunciado unos días atrás y las tareas comenzaban a acumularse. Me dijeron que había una pequeña cabaña de troncos en medio del bosque que me podía ser útil y que si la señora se mudaba conmigo había posibilidad de agregar un cuarto nuevo debajo del alero que daba al este. Les comenté que solo era yo, que la señora ya no iba a llegar y que la cabaña era perfecta y que si así lo querían podía empezar mañana mismo. Acordamos los términos y me llevaron a mi nueva morada.
La cabaña era mágica, sencillamente, todo lo que había soñado. El rio corría a unos cincuenta metros de mi porche y el sol dibujaba diferentes patrones de luz y sombra que hacían la mejor alfombra natural que uno pudiera pedir. Al abrir la puerta el aroma del lugar era tan acogedor como la forma en la que lucía: pequeña, cálida, iluminada, definitivamente ese era mi hogar. Puse a calentar una caldera en la cocina y me dispuse a encender una fogata en la estufa, pero antes de irme del todo a descansar quise observar el atardecer desde la mecedora del porche. Todo era tan perfecto, los colores, las luces, las sombras, los cantos de los pájaros despidiendo al sol, a un día más que se iba. Dándole la bienvenida a la noche alguna lechuza que chistaba como recordando que ese era momento para el silencio, para el recogimiento interior, para descansar del trajín diario.
Cerré mis ojos y respiré, honda y sanadoramente…
Al fin estaba en casa.
Mientras todo esto ocurría, en las noticias locales de la ciudad donde vivía Marcos cuentan que un hombre fue encontrado inmóvil en un banco de la plaza principal, los médicos constataron que aún vivía y fue trasladado al hospital general, donde se diagnosticó estado vegetativo donde las funciones básicas vitales estaban en orden, pero el cerebro permanecía emitiendo unas ondas alfa constantes, sin variación, como en un profundo sueño. Los especialistas están consternados porque no habían visto nunca semejante fenómeno. Las autoridades pudieron ubicar a la esposa del hombre quien declaró:
—Por fin se decidió. Ahora Marcos está donde siempre quiso estar.
—Por fin se decidió. Ahora Marcos está donde siempre quiso estar.
¿Fin?

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